Airbus Defence and Space

24 horas en la vida de un lanzador

Dos años. Se necesitan como media dos años entre el principio de la construcción de un lanzador como Ariane 5 y su lanzamiento. Veinticuatro meses en el transcurso de los cuales cada acción ha de realizarse con rigor y cada pieza ha de mecanizarse con una precisión microquirúrgica. Porque al final de la cadena, un error inicial de una micra (0,001 mm) en el ajuste de una junta puede saldarse con el fracaso puro y duro del lanzamiento.

Es decir, a 24 horas del lanzamiento, si la tensión es grande. Transportado y montado en Guayana Francesa un mes y medio antes, el lanzador se une a la plataforma de lanzamiento tras una última revisión de sus funciones vitales. Tras una hora y media de transporte, aún se necesitan aproximadamente seis horas para acoplarlo a la plataforma de lanzamiento. El momento es importante: ahí comienza oficialmente el potencial de vida de Ariane 5.

En el suelo, los preparativos van a buen ritmo. A doce horas del despegue, los sistemas electrónicos de vigilancia son operativos, y los equipos proceden especialmente a la implementación de los fluidos. A H-8, se activan nuevos equipos eléctricos. H-7:30 h: comienza el control de las cadenas eléctricas.

A continuación viene una etapa capital, propia de los lanzadores de propulsión criogénica: la transferencia de líquidos (combustible y comburente) de un depósito de almacenamiento hasta el lanzador. Las restricciones son numerosas. En primer lugar porque la temperatura de los gases licuificados ha de permanecer extraordinariamente baja (hasta -250 °C). Luego porque, al no tolerar los motores del lanzador ningún tipo de impureza, es necesario adoptar todas las medidas pertinentes para mantener una limpieza absoluta durante la transferencia, lo que implica procedimientos de preparación de circuitos de intercambio largos y complejos, pero indispensables.

En los últimos minutos antes del despegue, los procedimientos de verificación se aceleran, bajo el cuádruple control de varios equipos distintos: los operadores lanzadores que se encuentran sobre el terreno, los equipos de salvaguarda que controlan el perfecto desarrollo de las operaciones, así como las autoridades técnicas y los expertos que permanecen en las bases de apoyo, listos para intervenir en caso de necesidad.

Satélites, estaciones de seguimiento de telemedición, autoridades aéreas y marítimas dan su luz verde. Progresivamente, el lanzador se aísla de los “medios de tierra” y toma control de su autonomía. Las barreras de seguridad se levantan unas tras otras.

H-6 segundos: es la transferencia del mando a bordo. A partir de este momento, el ordenador del lanzador toma el relevo y da la orden de encendido del motor Vulcain. H0: el cohete no despega. Aún no. La potencia del motor Vulcain no es suficiente para separar la masa de Ariane 5 del suelo (¿Cómo consigue Ariane salir de la Tierra?). Durante siete segundos, todavía es preciso asegurarse de que el funcionamiento del motor es satisfactorio. Aún es tiempo para pararlo todo.

H+7 segundos: los boosters de pólvora toman el relevo. Son ellos los que consiguen arrancar las 750 toneladas del lanzador de la atracción terrestre. El cohete toma su trayectoria; el lanzamiento es un éxito. Pero la misión no ha finalizado: aún le queda al lanzador posicionar correctamente en el espacio los satélites de los que está cargado. Pero eso ya es otra historia...

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