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Aunque se trata de una teoría que sigue siendo muy controvertida, algunos científicos piensan que gran parte del agua de los océanos llegó a la Tierra desde el espacio, traída por cometas, hace más de cuatro mil millones de años. Así que quizá sea más que apropiado que la oceanografía haya sufrido toda una revolución gracias a las tecnologías con base en el espacio.

En 1769, Benjamín Franklin, que más tarde iba a ser presidente de los Estados Unidos, y su primo y colaborador Timothy Folger, elaboraron el primer mapa de la Corriente del Golfo, el flujo marino que lleva agua cálida desde la costa de Florida a Europa.

© NOAA Central Library

A lo largo de los cientos de años que siguieron, los científicos han recorrido de un lado a otro los océanos del mundo recogiendo datos que expliquen cómo se mueve el agua alrededor del planeta. Era y todavía es una labor difícil y lenta: los océanos abarcan una superficie de 361.000.000 kilómetros cuadrados, aproximadamente el 72 por ciento de la superficie de la Tierra. Hasta que en 1992 tuvo lugar toda una revolución en el ámbito de la oceanografía: se lanzó el satélite TOPEX/Poseidon, el primer ingenio enviado al espacio para el estudio de la topografía de la superficie de los océanos. De TOPEX/Poseidon, una misión conjunta de NASA y el CNES, el organismo oficial espacial de Francia, se puede decir que ha cambiado por completo nuestro modo de entender las masas que contienen casi el 97 por ciento del agua de la Tierra.

TOPEX/Poseidon fue tan revolucionario debido a que por vez primera los oceanógrafos podían obtener lecturas prácticamente en tiempo real de vastas áreas de mar, en contraste con las mediciones a pequeña escala y de gran lentitud que se podían hacer in situ, en las propias aguas. Desde su órbita a 1.330 kilómetros de la Tierra, el satélite utilizaba un altímetro radar para medir la altura de los océanos con un margen de error de 3,3 centímetros y elaboró los primeros mapas a escala mundial de la altura de los mares.

© Courtesy NASA/JPL-Caltech.

Quizá su más importante aportación a la oceanografía, sin embargo, fue proporcionar por fin datos de la "cinta transportadora" de los océanos, el movimiento de agua que lleva agua fría, más salina, desde el Ártico hacia el sur, el Atlántico, pasando por el Océano Índico, hasta el Océano Pacífico, y vuelta a empezar. Así los científicos pudieron comprender mejor cómo se almacena en el océano el calor del sol, cómo se mezclan las aguas en los océanos y detectar cómo el cambio climático puede estar alterando el funcionamiento de tal "cinta".

En los últimos diez años se han lanzado más de 30 satélites nuevos para estudiar los océanos del mundo, que miden variables que incluyen su color (que revela los niveles del fitoplancton, que absorbe el dióxido de carbono) y su temperatura, así como otras misiones más específicas tales como observar los arrecifes de coral más amenazados, los vientos que tienen lugar sobre las aguas y los movimientos de los bancos de peces. (El más reciente es SMOS, lanzado en noviembre de 2009, que medirá la humedad del suelo y la salinidad de los océanos).

© NASA/JPL Ocean Surface Topography Team.


Enlaces :

Topografía oceánica desde el espacio (NASA): http://topex-www.jpl.nasa.gov/index.html

Jason-2 (CNES): http://smsc.cnes.fr/JASON2/

Mercator: www.mercator-ocean.fr (en francés) / www.mercator-ocean.fr/html/mod_actu/public/welcome_en.php3 (en inglés)

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