Airbus Defence and Space

Ariane, de los primeros pasos a la madurez

Bernard Humbert entró en la SEREB (Société pour l’Etude et la Réalisation d’Engins Balistiques) en 1967 y ha formado parte de la aventura de Ariane desde el principio, comenzando en el programa como un gestor de arquitectura industrial para más tarde estar a cargo, hasta 2003, de la administración de la División Programas Espaciales en EADS SPACE Transportation, en Les Mureaux (Paris). Aquí hace un repaso a estos 30 singulares años:

“Este momento de 2009 en que hablamos del próximo trigésimo cumpleaños de Ariane me evoca inevitablemente aquel 24 de diciembre de 1979 cuando, tras varios intentos, por fin el primer lanzador Ariane logró despegar hacia el cielo de Kourou.

 

Ariane 1 y el Arquitecto Industrial

Aquel magnífico lanzamiento había sido claramente el culmen de todo el trabajo que se había hecho desde 1973; y más específicamente para nosotros, dentro de los equipos de Arquitecto Industrial, demostró que habíamos desempeñado con éxito el papel que se nos había confiado: garantizar un desarrollo técnico coherente en el lanzador. La importancia atribuida a esta función de Arquitecto Industrial en la organización del programa Ariane fue una de las lecciones aprendidas desde el fallo de Europa, el primer programa europeo de lanzadores.

La verificación de la aptitud para el vuelo del lanzador se llevó a cabo de la manera más pormenorizada posible a través del uso de reglas de gestión comunes, del control del desarrollo de todos los elementos del lanzador y de la simulación de las fases de vuelo mediante el uso de elementos reales siempre que fuera relevante. En el SIL (Centro de Integración del Lanzador) de Les Mureaux, por tanto, llevamos a cabo la integración e inspección del primer lanzador antes de que partiera por barco rumbo a Cayena. El software de vuelo fue sometido a simulaciones una y otra vez antes de ser enviado a Kourou en cinta perforada (¡que es lo que todo el mundo usaba en aquella época!). Sólo quedaba ver qué ocurriría durante el vuelo en sí. Tras el lanzamiento, vimos con enorme satisfacción que la trayectoria de vuelo del vehículo reflejaba la que se había trazado en los gráficos: los equipos de Arquitecto Industrial también habían superado la prueba.

 

Ariane 4 no iba a acabar en un museo

Más adelante en mi carrera profesional estuve a cargo de las actividades de Arquitecto Industrial del programa Ariane 4, y los enormes retos que éste planteó son algo que no olvidaré nunca. Todos sabemos del éxito técnico y comercial del lanzador, el más fiable de todos los lanzadores espaciales no tripulados. Lo que es menos conocido es que a principios de la década de los ochenta había muchos que pronosticaban un futuro bien distinto. En aquella época, los estadounidenses consideraban que el Space Shuttle iba a sustituir a los lanzadores convencionales, que estaban destinados a convertirse en piezas de museo. Ariane se encontró compitiendo frente a frente con el Shuttle y la capacidad de éste de llevar satélites de gran diámetro. Para seguir siendo competitivos en el mercado de los satélites comerciales pequeños, medianos y grandes había que mantener la política de lanzamientos dobles y teníamos que ofrecer una capacidad de lanzamiento que fuera al menos dos veces y media la de Ariane 1. Tomando como base estas condiciones, y utilizando elementos ya existentes (motores, etapas, etcétera) nacieron las seis versiones del lanzador Ariane 4. Era un lanzador extremadamente largo y delgado, rematado por una ojiva de carga útil cuyo diámetro era mucho mayor que el de la tercera etapa. El resultado fue un considerable aumento en las cargas estructurales del lanzador y problemas de “capacidad de volar”. Nuestras oficinas de diseño se enfrentaron con brillantez al reto que suponía esta complejidad sin precedentes y refinaron sus métodos de análisis y cálculo con objeto de demostrar que toda la familia de lanzadores era apta para el vuelo.

El accidente del Challenger en 1986 iba a cercenar las perspectivas de utilizar el Shuttle para el lanzamiento de satélites y durante un cierto tiempo, Ariane careció de competidores serios, lo que hizo posible que Ariane 4 aprovechara la situación ya desde su primer despegue, en junio de 1988.

 

Soñar no es malo

Hacia finales de la década de los 70 comenzamos a definir lo que se pretendía iba a ser una versión de Ariane capaz de lanzar un vehículo tripulado, el Hermes. El diseño del Ariane 5, por tanto, quedó fijado a mediados de los años 80, basándose en una etapa inferior doble, con Hermes arriba para la inserción en órbita terrestre baja o bien una etapa superior para inserción en órbita geoestacionaria. Me destinaron a la gestión técnica del programa Hermes en 1988 y tuve que alejarme de Ariane durante casi diez años. Hermes no iba a pasar de ser un sueño, pero al menos tenemos la satisfacción de haber dado a luz el ARD y el ATV.

 

Hacia la gestión de proyecto industrial del lanzador

A mi regreso a la División de Programas Espaciales, la situación había cambiado profundamente. Ariane tenía ahora que enfrentarse a la competencia de los lanzadores de la antigua Unión Soviética, de cuya comercialización se encargaban empresas estadounidenses, y había que reducir de forma considerable los costes de operación y producción. La primera consecuencia fue que Ariane 4 y Ariane 5 no iban a poder coexistir durante mucho tiempo. Para mí no fue fácil recomendar la cancelación de Ariane 4, pero a la postre la razón le ganó la partida al corazón. Aquellos implicados en las iniciativas de recorte de costes en producción también tenían como santo y seña la lógica y la razón. Por último, a Airbus Defence and Space se le concedió la gestión del proyecto industrial del lanzador. En la víspera de su trigésimo aniversario, Ariane ha llegado a la madurez.”

LanzadorArianeAriane 4Ariane 5