Airbus Defence and Space

Dos años al Centro Espacial de Kourou, en la Guayana Francesa.

En Bremen había mucho quehacer y la presión para cumplir los plazos era muy grande. Así que se envió al norte un grupo de mecánicos industriales del Centro Ariane de Ottobrunn como refuerzo. Entre ellos estaba Max Speckmaier, que tenía 22 años de edad entonces. Este novato mecánico industrial, que en el centro de Airbus Defence and Space de la Alta Baviera había adquirido todo el know-how necesario en torno a la cámara de propulsión del Ariane 5, enseguida pudo ayudar con gran eficacia en Bremen en las labores que se efectuaban sobre la etapa superior. Y lo hizo con tanto entusiasmo que cuando pasaron tres meses le preguntaron si le gustaría colaborar también con el equipo de Bremen en Kourou, en el marco de una campaña de lanzamiento de Ariane 5.

Max no tardó mucho en aceptar, sobre todo porque vio su oportunidad de poder combinar el trabajo con una estancia en el extranjero. Sólo cuando llegó a su destino, se dio cuenta de que tendría que pasar los próximos meses adaptándose a un entorno totalmente nuevo, con una lengua ajena, varias diferencias culturales y un clima extremo.Sin embargo, no permitió que todo aquello le desanimara. Más bien al contrario: a las dos semanas ya tenía claro que allí, en Kourou, en plena zona intertropical directamente sobre el ecuador, iba a colaborar en más de una campaña de lanzamientos. "Para mí, que me ofrecieran trabajar en el corazón mismo de las actividades de vuelos espaciales europeas me dio mucha confianza en mi mismo y al mismo tiempo, era una ocasión que no quería dejar escapar", relata Speckmaier.

La variedad cultural de la Guayana Francesa, el clima ecuatorial y la impresionante vegetación de la jungla marcan un llamativo contraste con el Puerto Espacial de la ESA, herméticamente sellado al exterior. Es un entorno que recuerda a las películas de James Bond y que fascina a personas de todo el mundo. Este terreno de la ESA está dividido en varias áreas, en las cuales incontables empresas de los más diversos países ponen todo su empeño en los lanzamientos de los cohetes Ariane. Max Speckmaier fue parte de este microcosmos durante dos años. Sometido a las más severas medidas de seguridad, trabajó en un equipo integrado por compañeros claramente más veteranos. Colegas que, todos ellos sin excepción, gozaban de una gran experiencia que compartían de buen grado con este joven y entusiasmado mecánico. Bajo la dirección de Airbus Defence and Space el equipo preparó para el lanzamiento la etapa superior venida de Bremen a lo largo de la fase BIL en el edificio de integración de lanzadores (Bâtiment Integration Lanceur). A ésta tarea siguió, una vez vendido y entregado el cohete a Arianespace, la fase BAF en el edificio de ensamblaje final (Bâtiment Assemblage Final), durante la cual se integró la carga útil. Max también colaboró en esta fase y así entró en contacto por vez primera con el pasajero del cohete, el satélite. El montaje de la carga útil es una operación muy delicada, y en aquella ocasión Max no sólo aprendió a trabajar con estructuras complejas de alta tecnología, sino también a saber ser paciente. Y es que en cuanto ocurría cualquier cosa irregular en el trabajo del cohete no era inhabitual que la tarea se interrumpiera durante horas.



 

A la pregunta de qué es lo que más le impresionó de su estancia en Kourou, responde sin vacilar: "El cohete. Sólo la primera vez que estuve delante de él comprendí perfectamente para qué había trabajado desde hacía años. Fue un momento fantástico". Desde su experiencia en el puerto espacial de Kourou, para Max ha quedado claro que de ahora en adelante quiere trabajar en Airbus Defence and Space. Lo cual resulta lógico, ya que Max ha estado presente durante el lanzamiento de un cohete Ariane 5 en un total de nueve ocasiones. Nueve veces ha visto como se encendía el cielo violentamente ante sus ojos por una bola de fuego. Nueve veces ha mantenido el aliento durante ese lapso fantasmal de absoluto silencio que precede el inevitable estruendo que se producirá abruptamente pocos segundos después. En nueve ocasiones el sonido le alcanzó no sólo a través de sus oídos, sino mediante una enorme vibración que sintió en todo el cuerpo. Y en las nueve ocasiones pudo asimismo afirmar que él mismo había aportado su granito de arena al éxito de la campaña de lanzamiento...

Desde octubre de 2007 Max está de vuelta en Munich y se ha fijado unas cuantas metas. Desde junio de 2008 está trabajando como técnico en el Deep Space Project JWST (James Webb Space Telescope) –un telescopio de infrarrojos con el que se quiere investigar la formación de las estrellas, las galaxias y el big bang. Max se dedicará a integrar instrumentos de alta sensibilidad, como por ejemplo el espectrómetro Nirspec fabricado en Ottobrunn. Una labor para la que pudo obtener una óptima cualificación gracias a su paso por Kourou. A partir del otoño, en paralelo con su trabajo va a empezar unos estudios que van a abrirle más amplias perspectivas de cara al futuro. Tras siete fascinantes e instructivos años como mecánico ha llegado el momento de dar otro paso adelante: en sus planes, lo que le gustaría dentro de unos años sería seguir formando parte de la exploración espacial, pero esta vez conformándola desde una perspectiva conceptual. Y de buen grado lo haría, una vez más, en el extranjero.

Ariane 5