Airbus Defence and Space

El misterio de los monstruos de las profundidades

Los satélites revelan que ciertas historias de lobos de mar no son mitos en absoluto

Durante siglos, los marinos – aquellos que sobrevivieron y llegaron a puerto – han contado leyendas aterradoras de olas gigantescas, enormes “paredes de agua”, tan altas como un edificio de varios pisos, que surgen de forma inexplicable en la mar en calma y arrastran a los barcos sin remedio a su letal vórtice.

Sus aseveraciones sobre estas bestias altas como torres, sin embargo, siempre han sido vistas con no poco escepticismo por los científicos marinos, que descartaban tales relatos como pura fantasía, al igual que los supuestos avistamientos de las sirenas o el Kraken (que, no lo olvidemos, tienen sus raíces en la realidad, por otra parte...). 

Los oceanógrafos señalaban la existencia de modelos estadísticos que mostraban que estas monstruosas alteraciones del estado de la mar circundante eran inusitadas, y que ocurrían una vez cada mil años.

Una ola gigantesca frente a la costa de Durban, en África del sur © Philippe Lijour

Para ellas se guardó en inglés el término rogue waves, traducible como “olas renegadas”, pero también “olas que van por libre”, lo que implicaba por partida doble algo escaso y extravagante. Los a veces demasiado frecuentes hundimientos de barcos de muy gran tamaño en alta mar, en circunstancias sin explicar, simplemente se atribuían a “mal tiempo”. 

Una ola gigantesca frente a la costa de Durban, en África del sur © Philippe Lijour

Hasta que el 1 de enero de 1995, un instrumento láser situado en la sólidamente anclada plataforma petrolífera Draupner, en el Mar del Norte, registró un golpe de mar... causado por una ola gigantesca de 26 metros de altura, mientras que las olas más altas a su alrededor eran de sólo 12 metros. Fue una prueba objetiva que movió a los oceanógrafos a prestar atención con más rigor a esta fuerza de la naturaleza. Para demostrar la existencia del fenómeno o finalmente echar por tierra los rumores, en diciembre de 2000 la Unión Europea puso en marcha un programa denominado MaxWave para el estudio de tales fenómenos, investigar cuán extendida podría estar su aparición y modelizar su génesis y comportamiento. Como parte del proyecto, la Agencia Espacial Europea instruyó a dos satélites de observación de la Tierra, ERS-1 y ERS-2, diseñados y construidos por Airbus Defence and Space, para que examinaran el océano con su radar y llevaran a cabo un censo mundial de estas olas renegadas que en castellano se conocen como “olas gigantes” u “olas monstruo”.

Al acecho de los monstruos

Ola renegada © NOAA

Ola renegada © NOAA

Sólo los satélites equipados con radar pueden proporcionar el muestreo de datos de alcance verdaderamente planetario que se precisa para el análisis estadístico de los océanos, dado que pueden "ver" a través de las nubes y la oscuridad. En tiempo de tormenta, las imágenes de radar son por tanto la única información relevante disponible. Cuando se lanzaron en 1991 y 1995 respectivamente, los gemelos ERS-1 y ERS-2 (“Satélites Europeos de Teledetección -1 y -2”) eran los más avanzados de la época, y colocaron a Europa en la vanguardia de la observación de la Tierra. Como instrumento principal ambos poseían radar de apertura sintética (SAR), que devolvía “miniaturas” de la superficie del mar en un rectángulo de 10 x 5 kilómetros, tomadas cada 200 kilómetros. Estas miniimágenes –de las cuales entre ambos satélites se generaron unas 30.000– se analizaban a continuación matemáticamente, desglosándolas en promedios de energía y dirección de las olas en lo que se denomina espectro de ola oceánica. Los resultados generados fueron sorprendentes e inquietantes: con la tecnología de los satélites ERS, durante el período investigado de tres semanas de duración se detectaron por todo el mundo y por separado más de 10 gigantescas olas de altitud superior a los 25 metros.

Cuando se lanzaron en 1991 y 1995 respectivamente, los gemelos ERS-1 y ERS-2 (“Satélites Europeos de Teledetección -1 y -2”), fabricados por Airbus Defence and Space, eran los más avanzados de la época

Cuando se lanzaron en 1991 y 1995 respectivamente, los gemelos ERS-1 y ERS-2 (“Satélites Europeos de Teledetección -1 y -2”), fabricados por Airbus Defence and Space, eran los más avanzados de la época © Airbus Defence and Space

Las olas-monstruo son distintas de los maremotos o tsunamis, enormes volúmenes de agua marina cuyo movimiento se ve desencadenado por terremotos, desplazamientos tectónicos o corrimientos de tierras, que se mueven ondulando casi imperceptiblemente por la superficie del océano y sólo liberan su furia devastadora cuando llegan a la costa. Las olas monstruo que estudian el proyecto MaxWave y los satélites ERS son singulares murallas de agua de monumentales proporciones que emergen de forma inesperada en la mar aparentemente en calma, como si absorbieran la energía de las comparativamente diminutas olas alrededor de ellas, y que luego vuelven a fundirse en el océano tan repentinamente como aparecieron.

Ya es oficial: no son leyenda, sino realidad

Las olas gigantes existen en cantidad mucho mayor de lo que se esperaba. Los satélites han confirmado su existencia y su amplia incidencia. Por qué se producen todavía es un área de profundo estudio en la cual la tecnología de los satélites, con su capacidad de medición casi microscópica y su perspectiva global, desarrolla una aportación fundamental.

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