Airbus Defence and Space

Los secretos del Spaceplane

¿Se viajará en el futuro por el espacio tan fácilmente como ahora lo hacemos entre Madrid y Nueva York? Sin duda. En cualquier caso, esto es lo que anticipa el Spaceplane, un avión concebido por Airbus Defence and Space para permitir un viaje espacial en condiciones óptimas.

¿Cómo se podrá arrancar de la atracción terrestre una especie de jet privado de unas 20 toneladas? Esta es la pregunta que se han planteado lo ingenieros de Airbus Defence and Space con la colaboración de los mejores científicos e ingenieros internacionales. La respuesta tecnológica es impresionante: hay que añadir dos motores a reacción normales a un motor-cohete (metano + oxígeno) que utiliza la tecnología de Vulcain (el motor principal del Ariane 5). Complejo, pero razonable.

A partir de este momento, se pueden imaginar las características de un vuelo normal. Exceptuando la presencia de azafatas, la primera media hora de vuelo no es desconcertante. Es a 12 km de altura cuando las cosas se ponen serias. En ese momento, el Spaceplane se encabrita rápidamente a la vez que el motor-cohete toma el relevo de los motores a reacción. Se inicia un ascenso casi vertical a más de 3000 km/h durante 90 segundos. El estremecimiento está garantizado, pero es “totalmente soportable para cualquier persona con un buen estado de salud”, explica Robert Lainé, Director Técnico de Airbus Defence and Space.

A 60 km de altura, el motor-cohete se corta y el Spaceplane sigue su ascensión hasta 100 km. ¡Prepárese a sentir el placer de la ingravidez! Cinco minutos inolvidables en los que, al levantarse de su asiento, podrá observar con tranquilidad la Tierra a través de grandes ventanas. Es precisamente la habitabilidad a bordo lo que ha llamado la atención de los ingenieros. Concebido por el diseñador Marc Newson, uno de los más cotizados del mercado mundial, el interior del Spaceplane une la comodidad con la modularidad. Los asientos están fijados a un sistema pendular que permite una aceleración perpendicular a la espalda de los pasajeros. Una vez en la ingravidez, cada viajero dispone de mucho espacio, no hay que darse codazos para poder acceder a las numerosas ventanas y tomar algunas fotografías. No falta de nada para hacer de este viaje una experiencia única, sólo quizás la paciencia para esperar los primeros vuelos comerciales.