Airbus Defence and Space

Observación de la Tierra: con la mirada puesta en el mundo

Con su exclusiva perspectiva mundial, los satélites de observación ofrecen ventajas incomparables para ayudarnos a entender, gestionar y proteger mejor el valioso entorno de la Tierra.

Proporcionan una panorámica instantánea de vastas áreas de la superficie del planeta. Una única imagen captada por un satélite meteorológico geoestacionario, con una cobertura de hasta 200 millones de kilómetros cuadrados, puede mostrar casi la mitad del globo. Pueden observar cada rincón de la Tierra, tanto para estimaciones globales como para vistas detalladas de lugares específicos. Con su rápida capacidad de frecuente revisita, son capaces de efectuar el seguimiento de fenómenos a medida que van desarrollándose, tanto si son naturales como producto de la mano del hombre.

En el momento en que fueron lanzados por Ariane 4, los dos satélites radar ERS (European Remote Sensing, traducible como “satélites europeos de teledetección”) construidos por Airbus Defence and Space (Matra Marconi Space) eran los ingenios espaciales de observación de la Tierra más sofisticados desarrollados y lanzados hasta la fecha en Europa. ERS-1 despegó en 1991 en el vuelo 44, mientras que ERS-2 le siguió cuatro años más tarde en el vuelo 72. Estos satélites de la ESA, de gran éxito, recogieron una abundancia de datos de gran valor sobre las superficies de tierra firme, océanos, y casquetes polares de la Tierra y se les ha utilizado para el seguimiento de desastres naturales, como inundaciones graves o terremotos en áreas remotas del mundo.

Una de muchas imágenes fabulosas de Envisat, las Islas Galápagos. Obtenida al combinar tres tomas del Radar Avanzado de Apertura Sintética (ASAR) de la misma área, entre 2006 y 2009 (© ESA).

Una de muchas imágenes fabulosas de Envisat, las Islas Galápagos. Obtenida al combinar tres tomas del Radar Avanzado de Apertura Sintética (ASAR) de la misma área, entre 2006 y 2009. © ESA

ERS-1 y ERS-2 allanaron la senda para nuevas misiones de interferometría como Envisat, lanzado en febrero de 2002, en el vuelo 145, la misión heliosíncrona de Ariane 5. El mayor y más complejo satélite de observación de la Tierra europeo, construido con Airbus Defence and Space en calidad de contratista principal, porta 10 instrumentos para ayudar a los científicos a lograr una mejor comprensión de los efectos del calentamiento global, El Niño, los cambios climáticos y el empobrecimiento de la capa de ozono, así como variaciones en los niveles de los océanos, los casquetes polares, la vegetación y la composición de la atmósfera. El desarrollo y construcción de este ingenio con un peso de 8.200 kilogramos precisó de más de 10 años e involucró a casi 100 compañías de 14 países. Envisat ha acumulado una extraordinaria colección de imágenes, de las cuales una de las más espectaculares es la fotografía de la separación en la Península Antártica de la plataforma de hielo de 200 metros de espesor Larsen B; fue lanzado justo a tiempo para captarla.

Ariane ha lanzado los cinco satélites de observación óptica Spot, todos ellos desarrollados y construidos por Airbus Defence and Space y sus compañías predecesoras y de cuya explotación comercial se encarga Spot Image, una filial de la compañía que es una referencia en todo el mundo en el ámbito de los servicios de geoinformación. El éxito de la serie Spot comienza ya en sus primeros días: Spot 1, lanzado en 1986 en el vuelo 15 (última misión de Ariane 1), se había configurado para una vida útil de tres años de duración, pero en realidad estuvo funcionando en activo durante 18 años, proporcionando casi tres millones de imágenes antes de que se retirara voluntariamente de la órbita para su desintegración, con objeto de cuidar mejor el entorno espacial.

Cuando en 1995 Ariane 4 elevó, en el vuelo 75, el satélite militar de reconocimiento Helios I —del cual Airbus Defence and Space, en aquel entonces Matra Marconi, había sido contratista principal— puso en marcha no sólo lo que era un considerable avance en la capacidad de Europa de obtener datos de observación militar del espacio, sino también una nueva dimensión en la seguridad europea, pues el programa Helios era el primer ejemplo de una genuina cooperación en sistemas espaciales en el ámbito de la defensa entre varios países europeos.