Airbus Defence and Space

Ojos que vigilan desde el espacio

Los satélites de Observación de la Tierra alcanzan su madurez

La hermosa masa blanca que gira en espiral sobre un fondo azul parece un cuadro abstracto, pero no es obra de artista humano alguno. La trama de nube arremolinada fue fotografiada desde el espacio y los espectadores de TV han visto muchas parecidas cada vez que en las noticias se menciona un huracán en algún lugar del mundo.

Viaje al borde del espacio

Y sin embargo no ha pasado mucho tiempo desde los científicos pudieran observar esta típica formación de nubes por primera vez. El 5 de octubre de 1954, la US Navy lanzó al cielo un cohete desde el polígono de tiro de White Sands en Nuevo Méjico (Estados Unidos). Ascendió hasta una altitud de 160 kilómetros y cuando llegó al apogeo de su vuelo, las dos cámaras de 16 milímetros a bordo tomaron una serie de fotografías del terreno bajo él.

Viaje al borde del espacio © Airbus Defence and Space


Vistas hoy pueden parecer borrosas y poco nítidas, pero en aquel momento los científicos se sintieron emocionadísimos, porque de inmediato se dieron cuenta del enorme potencial de las imágenes tomadas desde el espacio como medio de progresar en investigación meteorológica y sus técnicas de predicción.

A este primer vuelo de un cohete experimental le siguieron en breve ingenios permanentemente estacionados en órbita terrestre, como el satélite estadounidense TIROS que el 1 de abril de 1960 emitió las primeras imágenes de TV de la Tierra desde el espacio. A finales de 1977 Europa ya contaba con su primer satélite meteorológico en el espacio, Meteosat-1 (construido por Aerospatiale, una de las compañías predecesoras de Airbus Defence and Space).

La aventura que comenzara con la Misión al Planeta Tierra de NASA –como se llamó el programa de observación de la Tierra puesto en marcha por aquel organismo estadounidense a principios de los 80– se ha convertido en uno de los mayores y más complejos proyectos espaciales emprendidos hasta la fecha.

Primera imagen televisión de la Tierra desde el espacio, tomada por TIROS-1 (1 de   abril de 1960).
Primera imagen televisión de la Tierra desde el espacio, tomada por TIROS-1 (1 de abril de 1960). © NASA


En la actualidad hay más de un millar de satélites de teledetección orbitando la Tierra a distintas altitudes y en diversas órbitas. Su elevada posición no sólo les ofrece una vista sin precedentes de lo que ocurre en la Tierra, sino que los sensores avanzados que llevan a bordo también les permiten capturar datos en franjas del espectro electromagnético que son invisibles para el ojo humano.

En el año 2002, un Ariane 5 puso en órbita polar, a 800 km de altura, el Envisat (ENvironmental SATellite), el satélite de observación más grande y más complejo de la Tierra. © Airbus Defence and Space

Mientras que las personas sólo pueden percibir colores y grados de luminosidad en la estrecha banda de frecuencias correspondientes a longitudes de onda de entre 0,4 y 0,8 micras (azul y rojo, respectivamente), los “ojos” de un satélite como Envisat, verdadera nave capitana de la astronáutica europea, construido por Airbus Defence and Space y lanzado en 2002, pueden también detectar la “luz” en las zonas ultravioleta, infrarroja y de microondas del espectro.

En el año 2002, un Ariane 5 puso en órbita polar, a 800 km de altura, el Envisat (ENvironmental SATellite), el satélite de observación más grande y más complejo de la Tierra. © Airbus Defence and Space


Y del mismo modo que los diversos tonos de verde de la cubierta forestal nos hablan de la salud de un bosque, también podemos reunir importantes datos basándonos en la longitud de onda o “colores” de la luz invisible. Por ejemplo, la intensidad de la luz infrarroja emitida por un objeto en la longitud de onda de la franja de captación de imágenes térmicas, es decir, 11 micras, nos permite calcular su temperatura. El mismo principio utilizan los satélites que orbitan la Tierra a 800 kilómetros de altitud para medir la temperatura de la superficie de los océanos con un margen de precisión de 0,5º Celsius, aportando así datos de importancia no sólo a los meteorólogos sino también a los que investigan el clima y la biología marina o a la industria de pesquerías.

También fue gracias a los satélites de observación de la Tierra que se descubrió el agujero en la capa de ozono. Cuando el satélite estadounidense Nimbus 7, lanzado en 1978, detectó concentraciones excepcionalmente bajas de ozono en ciertas áreas de la estratosfera los datos se interpretaron en un primer momento como una anomalía de medición y el ordenador los corrigió automáticamente a un valor mayor. Sólo más adelante, cuando las mediciones obtenidas por las bases de investigación de la Antártida indicaron que la capa de ozono se estaba efectivamente deteriorando, se reexaminaron los datos procedentes de Nimbus y se demostró que eran totalmente correctos.

La adecuada interpretación de los datos suministrados por satélites de teledetección seguirá siendo una cuestión que preocupe a los investigadores. Cada nueva pregunta conducirá de forma inevitable a mejores sensores y a nuevas misiones para los satélites. Mas no cabe la menor duda de que los satélites de teledetección hace ya tiempo que han llegado a la madurez.

Las satisfactorias misiones como ERS-1, ERS-2 (de cuya gestión de sistemas se ocupó la predecesora de Airbus Defence and Space, DASA) y Envisat han allanado la senda para que el futuro sistema europeo GMES (Monitorización a escala mundial para el medio ambiente y la seguridad) que se prevé comience plenamente sus operaciones en 2014/2015, haga de los datos de teledetección una pieza habitual de ciertas aplicaciones cotidianas.

Cuando se lanzaron en 1991 y 1995 respectivamente, los gemelos ERS-1 y ERS-2 (“Satélites Europeos de Teledetección -1 y -2”), fabricados por Airbus Defence and Space, eran los más avanzados de la época. © ESA

Cuando se lanzaron en 1991 y 1995 respectivamente, los gemelos ERS-1 y ERS-2 (“Satélites Europeos de Teledetección -1 y -2”), fabricados por Airbus Defence and Space, eran los más avanzados de la época

 

ESA

El sistema consiste en un grupo de instrumentos cuidadosamente orquestado que comprende sensores de todos los tipos imaginables, y que están destinados a hacer barridos de las masas terrestres, océanos y atmósfera de la Tierra en repetidos ciclos. Proporcionarán una constante investigación global del estado del entorno y de los ciclos naturales que influyen en el clima, haciendo posible amalgamar paquetes de información que satisfagan las necesidades de una amplia gama de usuarios y que se suministrarán como servicios GMES.

 Degradación de la capa de ozono, hemisferio norte © ESA

Y es que ésa es precisamente la gran ventaja de la teledetección desde satélites: cada punto de la Tierra se vigila a intervalos regulares cuya longitud varía según la cantidad de satélites y su órbita. Los datos así obtenidos no sólo son de inapreciable valor para los investigadores del tiempo y del clima, sino que también forman la base de nuevos servicios de información de interés para agricultores, la industria pesquera, los arqueólogos y otros muchos usuarios. Las imágenes que vienen de ese ojo avizor en el espacio, actualizadas de forma regular, facilitan la tarea de las organizaciones de ayuda humanitaria cuando han de planear misiones de rescate en áreas azotadas por desastres naturales, y proporcionan a los preocupados ciudadanos que siguen con ansiedad cómo avanza aquella nube blanca y arremolinada de las telenoticias el tiempo suficiente para refugiarse en lugar seguro.

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