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Pronóstico despejado

MetOp-B, de Airbus Defence and Space, está acercándose al final de las pruebas previas a su lanzamiento en 2012. Equipado con varios instrumentos de elevada complejidad, el satélite duplicará la capacidad del sistema europeo MetOp. El pronóstico del tiempo y la investigación sobre el clima y el medio ambiente recibirán un gran impulso gracias a la herramienta meteorológica operativa más potente del mundo.

Durante décadas, las imágenes captadas por los satélites meteorológicos han sido un componente habitual de esos informes meteorológicos televisivos que, en cierta forma, deciden si la familia se queda en casa el fin de semana o si se va al parque el domingo.

La primera generación de estos satélites meteorológicos se lanzó en la década de los años 60, pero no fue hasta hace aproximadamente un decenio cuando se reconoció en Europa la necesidad de contar con satélites en órbita polar para complementar los ya existentes satélites geoestacionarios, situados a 36.000 kilómetros de la Tierra. A partir de ese momento, el Viejo Continente asumió su función en el marco de un sistema internacional que anteriormente solo había tenido en ‘plantilla’ satélites de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) estadounidense. Con su baja altitud orbital, tales ingenios pueden capturar observaciones muy precisas de numerosos aspectos de la atmósfera y lograr cobertura mundial en tan solo unos días.

MetOp-A, el primer miembro de la nueva familia de los tres satélites europeos que pesan en total 4,5 toneladas y que fueron diseñados para controlar la atmósfera desde la órbita terrestre bajaDentro del programa MetOp (Meteorological Operational), cuyo valor global alcanza varios miles de millones de euros, el primer satélite fue lanzado en 2006; al año siguiente, el segundo; y en 2017 se pondrá en órbita un tercero, para garantizar un mínimo de 15 años de observaciones operativas sin interrupción. “La continuidad de datos de temperatura, humedad, cobertura nubosa y gas en la atmósfera es de vital importancia para la meteorología y la investigación del clima”, explica Dieter Klaes, uno de los científicos del programa MetOp en la Organización Europea para Explotación de Satélites Meteorológicos (Eumetsat, por sus siglas en inglés).

Airbus Defence and Space gestiona un grupo de cuarenta empresas dedicado a la construcción de los tres MetOp, cuyo diseño se basa en la línea de productos que posee la compañía para satélites de gran tamaño en órbita polar. Durante el desarrollo de MetOp-B y C se están llevando a cabo muy pocos cambios; una excepción son los nuevos transistores del canal de transmisión de datos en tiempo real, para que los satélites puedan resistir los rayos cósmicos. “En 2002 empezamos a construir los tres modelos simultáneamente, y completamos el primer módulo antes de la fase de almacenamiento para B y C, entre el lanzamiento de MetOp-A y la finalización del satélite MetOp-B”, señala Jean-Paul Gardelle, Responsable del programa MetOp de Airbus Defence and Space. Eumetsat, una organización que representa a 25 países europeos desde su sede en Darmstadt (Alemania), se encarga de la parte operativa de estos satélites. Cada ingenio va equipado con 12 instrumentos, entre los que se incluyen los desarrollos de Airbus Defence and Space ASCAT (siglas en inglés de Dispersómetro Avanzado) y MHS (Sonda de Humedad por Microondas). Este último, además, también se utiliza en los satélites NOAA 18 y 19 de Estados Unidos.

A una altitud de 820 kilómetros, MetOp sobrevuela los polos 14 veces cada día y sigue una trayectoria sincronizada con la del sol. Le lleva unos cien minutos completar una órbita, período durante el cual la Tierra ha rotado unos 25°, lo que significa que en cada órbita las observaciones se llevan a cabo en una sección distinta del planeta. De esta forma, MetOp hace un barrido de la totalidad del planeta y sondea cada faja explorada del terreno para tomar mediciones de las características físicas y químicas de la atmósfera, así como de la superficie de la Tierra. También elabora modelos en tres dimensiones de vientos y gases de efecto invernadero. “La información obtenida mediante MetOp-A ha logrado un récord de disponibilidad del 99% en lo que se refiere a los datos utilizados para alimentar los modelos numéricos de pronóstico del tiempo. Una simple interrupción de solo unos minutos en paquetes de datos de cuatro a cinco horas conllevaría al rechazo del paquete en su totalidad. En la abreviatura MetOp, por tanto, la segunda sílaba, que hace referencia al carácter ‘operativo’, es tan importante como la primera”, dice Gardelle.

Una alianza ‘atlántica’

Los satélites MetOp forman el segmento espacial del Sistema Polar de Eumetsat, es decir, la aportación europea al Sistema Inicial Conjunto de Satélites Polares, una colaboración con la NOAA. En esta red, los ingenios MetOp europeos hacen un seguimiento de la órbita de media mañana (09.30), mientras que los satélites estadounidenses, que suministra la NOAA y el Pentágono, comparten, respectivamente, las órbitas polares de la tarde (13.30) y la mañana temprana (05.30). Los datos de estos satélites se intercambian y redistribuyen constantemente a cientos de usuarios de todo el mundo, menos de dos horas después de que se toman las mediciones. Tanto los meteorólogos como los científicos están encantados con los resultados. Además de los hallazgos en lo que al pronóstico del tiempo se refiere, los dos instrumentos de Búsqueda y Rescate (SAR, por sus siglas en inglés) a bordo de MetOp-A han entregado, en sus cuatro años de servicio,  2.635 señales de socorro al sistema mundial Cospas-Sarsat, lo que ha contribuido al rescate de más de 10.000 personas.

MetOp ha superado los cinco años de su vida útil prevista y cuenta con otros diez años de reserva de combustible para mantener su órbita. De entre los productos meteorológicos suministrados por MetOp, el instrumento ASCAT de Airbus Defence and Space facilita la elaboración de mapas detallados de los vientos sobre los océanos, ayudando así a los pescadores y a todo el tráfico marítimo. A su vez, el instrumento GOME, gracias a su monitorización de la capa de ozono, evalúa el nivel de radiación ultravioleta nociva que atraviesa la atmósfera y llega a la Tierra. “Durante quince años hemos estado haciendo un seguimiento al agujero de ozono en los dos polos, porque todavía tenemos preguntas sin respuesta y no sabemos cómo va a acabar esta historia”, dice Klaes. Gracias a que, a partir de 2012, con MetOp-B se duplicará la cantidad de datos entregados, la comunidad científica espera poder acercarse al capítulo final.

Frédéric Castel

 

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