Airbus Defence and Space

Rosetta despierta para salir al encuentro del cometa

El 20 de enero de 2014 comienza la fase final de la misión espacial europea Rosetta.

Cuando tenemos una reunión muy importante ponemos en hora varios despertadores... Rosetta va ahora a enfrentarse a su cita más importante: este año, la sonda espacial europea alcanzará el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, la meta última de su periplo de diez años de duración. Del mismo modo, y para que no exista ni la más mínima posibilidad de pasar por alto este encuentro, cuatro relojes a bordo la despertarán de su letargo a las 11 en punto del 20 de enero de 2014.

Tommy Strandberg, ingeniero de Airbus Defence and Space en Friedrichshafen, se encuentra entre los que ese día esperarán con impaciencia una señal de vida procedente de la remota sonda. En su calidad de Director de Navegación, Guiado y Control es quien se ha encargado en Airbus Defence and Space (antiguamente Airbus Defence and Space) de encauzar la misión. “La sonda despertará cuando haya llegado a cero la cuenta atrás de dos relojes como mínimo”, explica.

Diversos sonidos de alerta y destellos de luces mostrarán en una pantalla de cine este incremento de actividad. Aunque si alguien estuviera volando justo a lado del ingenio al principio no iba a notar nada en absoluto. Lo más importante y lo primero es encender la calefacción: hay que poner los instrumentos de navegación a una temperatura de funcionamiento de entre 10 y 30 grados centígrados. A continuación se frenará la rotación que durante los pasados 957 días mantuvo la sonda estabilizada en su trayectoria. Se orientarán al Sol los paneles fotovoltaicos y a la Tierra la antena parabólica. Por fin podrá el ingenio entablar contacto con Tierra. Entre las 17.30 y las 18.00 los científicos del Centro de Control de Tierra de ESOC, en Darmstadt, esperan recibir una señal que les comunique que tras diez años de vuelo, Rosetta está ya lista para el sprint final.

Strandberg, al igual que todos los demás participantes en Rosetta, tiene ante sí un año repleto de emociones: en esta misión espacial lanzada el 2 de marzo de 2004 se utilizarán por vez primera no pocas tecnologías y procedimientos específicos. Por ejemplo, nunca antes se había adentrado tanto en el espacio una sonda espacial que como fuente de energía utilice exclusivamente la luz solar. En este momento Rosetta se encuentra a unos 800 millones de kilómetros del Sol, y tendrá que arreglárselas con apenas un cuatro por ciento de la luz solar de que dispone un satélite en órbita terrestre. Aún así los paneles de 32,7 metros producen 440 vatios de electricidad, lo suficiente como para acometer la última etapa de la travesía.

Según Strandberg, ya en marzo –aún a 100.000 kilómetros de distancia del cometa– la cámara de navegación de Rosetta podrá ver el objetivo de la misión. Tras una corrección de rumbo en mayo, la sonda alcanzará el cometa en agosto, se desviará para entrar en la órbita de este cuerpo celeste de sólo unos kilómetros de diámetro y lo acompañará a lo largo de los meses siguientes durante su aproximación al Sol.

Será otra hazaña nunca vista... con unas cuantas incertidumbres. “Nadie conoce con exactitud ni el tamaño ni la masa del cometa”, explica Strandberg. “Pero su gravedad será de sólo una millonésima parte de la de la Tierra. Será imposible mantener la sonda en órbita sin llevar a cabo numerosas correcciones”. Una vez logrado lo anterior, a lo largo de las semanas siguientes los científicos podrán estudiar exhaustivamente la superficie de 67P/Churyumov-Gerasimenko y buscar un lugar adecuado para el aterrizaje de la sonda Philae. Esta, que en cierto modo viaja ‘de paquete’ con Rosetta, se posará en el cometa (¡otra primicia más!) en el mes de noviembre.

El vehículo de aterrizaje ha sido diseñado para mantenerse en funcionamiento durante seis meses y llevar a cabo estudios sobre la misteriosa composición de la materia que forma el cometa, a partir de la cual los científicos esperan encontrar información sobre la historia del sistema solar y la aparición de la vida. A lo largo de ese período 67P/Churyumov-Gerasimenko se acercará cada vez más al Sol. La creciente temperatura hará que se evapore más y más material del cometa, que es lo que compone la típica cola: no se sabe durante cuánto tiempo podrá Philae soportar esas turbulencias.

Por su parte, la sonda nodriza, Rosetta, acompañará al cometa hasta finales del 2015. A lo largo del mismo período éste alcanzará en agosto de 2015 su punto más próximo al Sol. Eso sí, cuando Strandberg y el resto de los ingenieros espaciales empiecen a relajarse un poquito y a evocar con orgullo una de las más ambiciosas misiones emprendidas por Europa, los astrónomos aún estará ocupados –durante varios años– con la evaluación de los datos recogidos. Y es que la misión Rosetta seguirá siendo emocionante incluso una vez que la sonda haya desaparecido en las profundidades del cosmos.

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